jueves, noviembre 3

 

El apasionante mundo de los rodajes cinematográficos. Te despiertas con la boca seca y la nariz tapada. Los párpados insisten en permanecer cerrados como lápidas a pesar de haberte incorporado del saco. El confortable y calentito saco de dormir. Dormir. Cuatro o cinco horas por jornada, con suerte de noche, durante la última semana. Te levantas, por fin, entreabriendo los ojos tan sólo lo justo para que algo de luz te permita distinguir formas sin tropezar con ellas. Te diriges hacia la mesa del desayuno. Un café aguado, unas pequeñas pastas en individuales envoltorios de plástico. Sirven de momento para acallar el rugido del estómago hasta la hora del bocadillo. Escuchas el eco de unos "buenos días" y crees responder sin saber a quién.

Ya más despejado, aunque en estado de duermevela, escudriñas el panorama alrededor. No piensas. Observas. El instinto te mantiene en pie. El mismo instinto que te hace centrar la atención en la puerta de baño. No hay cola. Sin decir palabra, intentando pasar desapercibido, vas hacia la habitación y tomas la toalla y el neceser. Calma. Nadie te ha visto. Están desayunando todavía. Te acercas a la puerta del baño. Calma. Es imposible que nadie te adelante. Ya estás frente a la puerta. Calma, calma... agarras el pomo, lo giras y la puerta, por primera vez desde que todo empezó, no tiene corrido el pestillo. La victoria es tuya. Incluso queda agua caliente. El día comienza bien.


Ya has desayunado, te has duchado con agua caliente, te has vestido con ropas aceptablemente limpias (los calzoncillos sólo los has llevado dos días, es la primera vuelta del revés de los calcetines) y hoy, por fin, parece que el sol va a salir por el este sin nubes en el horizonte. No más cambios de planes. El primer plano del día va a ser el primer plano previsto para el día. Por
primera vez desde que todo empezó. Se nota en el ambiente. Buen rollo en el coche que te lleva hasta la localización. A la llegada preparas los chasis con la película cargada, repasas la maleta de objetivos, los partes de cámara, la película restante, las latas vacías... el operador de cámara solicita el trípode pequeño e indica su posición. Los huesos crujen al agacharte para colocar el soporte y ayudar a colocar la cámara; es un plano casi a ras del suelo, sobre la arena de la playa. Deprisa. El sol comienza a despuntar y la actriz aún no está peinada. El director de fotografía pide un filtro polarizador. Lo limpias con cuidado. Un microscópico grano de arena puede rallarlo. Todo el equipo está esperando por ti. Le pasas el filtro al ayudante de cámara, lo coloca mientras preparas la claqueta. Un último ensayo. Deprisa, el sol no espera a nadie. Ya. Silencio. Móviles apagados. Sonido: grabando. Cámara: rodando. Uno, siete, primera, clac. Acción. La actriz entra en plano, de espaldas. Mira hacia la salida del sol. Entra el actor y toma a la chica de la mano. Silencio. Silencio. Corten. La actriz olvida su frase. La actriz, esa misma que preguntó si debía leer todo el guión o sólo su parte. El director, afable y comprensivo, apretando las mandíbulas, le recuerda su frase: cinco palabras. Silencio. Rápido, el sol comienza a estar alto. Móviles apagados. Sonido: grabando. Cámara: rueda. Uno, siete, segunda, clac. Acción. La actriz entra en plano, de espaldas. Por la derecha. Corten. Uno, siete, tercera, clac, acción. Todo discurre bien esta vez. Corten. ¿Qué tal? Por sonido, bien; por cámara, bien. El director de fotografía no está seguro. El sol ha subido demasiado, la temperatura de color ha cambiado. ¿Se podrá arreglar en etalonaje? No está seguro. Vamos muy al límite. Rápido, un filtro azulado suave. Se repite todo el proceso, desde el principio. Uno, siete, cuarta, acción. Hay poca película en el chasis, pero no lo dices. Si esta toma sale mal, habrá que recargar. Inútil crear más tensión. Cruzas los dedos y ves que el director de fotografía cruza los dedos. Y además suda. Corten. ¿Todo bien? Todo bien. Suspiro general de alivio. Recargas el chasis sin decir nada a nadie. Siguiente plano: playa, exterior, día.

Contemplas los colores del amanecer sobre el mar. La silueta de un saliente de roca coronado por un retorcido pino se recorta a contraluz no muy lejos. A tu alrededor la gente se mueve alborozada. Gente alegre y bohemia, despreocupada, aunque muy profesional.
Suena música en la radio de un coche. Casi todo el equipo baila a ritmo de Drum & Bass a las seis treinta de la mañana. Producción está preparando ya los bocadillos. Y te dices, sin saber por qué, por primera vez desde que todo empezó, que tal vez merezca la pena. Al fin y al cabo, estás haciendo cine.

Comments:
Me gusta como escribes, como cuentas debe ser muy emocionante a la par de a veces estresante el mundo del cine, lo que supone montar una película, grabarla, que todo salga bien, que el escenario tenga la iluminación adecuada, que los actores estén y se coloquen donde toca, que digan la frase bien, con la entonación correcta.... etc etc
Bueno, que si sigues escribiendo asi, esto pinta muy bien. Interesante. ¿No darás clases de escritura por casualidad? ...
 
Gracias por los elogios, sonrojado me hallo... y sorprendido. No sabes hasta que punto es complicado un rodaje, estresante de la muerte. La parte citada en el post y lo que tu cuentas es la punta del iceberg. Por cierto, no doy clases pero estoy pensando en tomarlas. De nuevo gracias.
 
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